… Y la tierra se abrió en Granada

proxylorca

(Ilustración: Raúl Arias)

Este es un artículo que escribí en el diario Brasileño O’Globo con motivo de la supuesta apertura de la fosa donde yacía el poeta. Eso fue en octubre de 2009

Hoy, 18 de agosto, no sólo han pasado OCHENTA AÑOS de ese crimen, sino que el próximo ocubre hará siete de este artículo, y todo sigue igual…. El drama del drama

Después de setenta años se abre la tierra para cerrar la Guerra Civil en España. En estos días, las hachas volverán a abrir las fosas comunes, ahora para sacar a la luz las víctimas del bando perdedor de la Guerra Civil. Y Ahora se abre la fosa en la que supuestamente yace Federico García Lorca. Un nombre que se asocia a Andalucía, a la poesía, al teatro y que  se ha convertido en algo más que un gran poeta, en más que un hombre y en algo más que una víctima de esa Guerra Civil. Es un símbolo de la contienda (algunos dicen que es una alegoría de España). Su asesinato al inicio de la Guerra por las fuerzas militares que se sublevaron al gobierno democrático conmocionó al mundo. Fue justo un mes después del alzamiento militar, el 18 de julio de 1936. En su caso en un paraje cerca del pueblo de Alfacar (Granada) y en agosto mediante el método del “paseíllo” que consistía en llevar a los presos en unos camiones por el campo, dejar que dieran unos pasos y dispararles por la espalda, normalmente antes de los primeros rayos de sol. Al parecer, según las investigaciones del hispanista Ian Gibson, una de las principales voces autorizadas sobre Lorca, “el poeta no murió enseguida y hubo que rematarlo”. Unas horas después en una taberna de Granada alguien fanfarroneaba a quien quisiera escucharle “le he metido dos tiros por el culo, por maricón”; Se trataba de su asesino –o de uno de ellos-, Juan Luis Trescastro.

Y es que la Guerra Civil no sólo es política, es una lucha fraticida, donde los rencores, envidias y odios de cada día adquieren una nueva dimensión; Es una escisión del país desde la base. El caso del poeta se reviste otra vez de simbolismo, pues Juan Luis Trescastro precisamente era un familiar lejano.  Una de las recientes investigaciones sobre sus  últimos días desvela que  “la muerte del poeta nació en el entorno familiar (…) Los motivos del asesinato estarían fundamentados, sobre todo, en las rencillas entre familias. Odio, política y homofobia se habrían conjugado”, esta es la conclusión del documental que el director Emilio Ruiz Barrachina estrenó en 2006, Lorca,el mar deja de moverse. Toda una Guerra Civil.

Y es que Lorca lleva el sentimiento trágico de la vida en su obra, en su vida y en su muerte. El poeta es uno y es todos, para empezar, junto a él iban tres detenidos más que corrieron su misma suerte, se trata de dos banderilleros granadinos, Joaquín Arcollas Cabezas y Francisco Galadí Melgar, y un profesor, Dióscoro Galindo, se continúa con los miles de fosas que encierran dramas como el de Lorca en las inmediaciones, que serían “cientos de hoyos”, según el testigo de Gerarld Brenan en 1949, apreciaciones algo más científicas apuntan que los desaparecidos en Granada ascienden a 25.000. Las cifras proceden del juez Baltasar Garzón que en 2008 abrió la vía legal para las exhumaciones de las fosas, con los votos en contra del partido de la oposición.

Y acabamos en España donde  hay unos 300.000 ‘Lorcas’ que descansan en las cunetas y fosas, según las últimas estimaciones que baraja la Asociación para la  Recuperación de la Memoria Histórica.

Para Rafael Gil Bracero, investigador y vicepresidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Granada, estamos ante un hecho de relevancia histórica, de la justicia necesaria para que haya una verdadera conciliación, “se está al inicio de una devolución de justicia y dignidad, pero también es un hito porque estamos ante una fosa internacional”.

Pero esa fosa es especial, ahí se produce otro desencuentro, el de la persona y el el escritor. Para muchos ese rincón de la carretera es un lugar de reconocimiento, de homenaje. El cuerpo pertenece a la familia, y la de García Lorca, de momento “se reserva el derecho de identificar los restos”. Se oponen porque “insisten en que no se debe individualizar el problema circunscribiéndolo únicamente a Lorca”.

Para que se cumpla con el derecho de la familia, las excavaciones se harán bajo una carpa, los trabajadores han firmado un contrato de confidencialidad . Todos  serán registrados al entrar, “no podrán llevar móviles o cámaras”, apunta la consejera de justicia de la junta de Andalucía. Begoña Álvarez, quien califica esta fosa de “ejemplar” por haber conseguido “conciliar el derecho a la intimidad de las familias y el de la identificación”. “Hay que evitar que los restos de Lorca sean exhibidos y la Junta de Andalucía asegura que sólo difundirá los datos que le permitan hacer públicos las familias de las víctimas”, concluye Álvarez. Y la de Lorca siempre se ha opuesto a la apertura.

Por otro lado, el hispanista Gibson quien ha declarado en repetidas ocasiones que Lorca es un poeta de todos, que no es patrimonio de la familia y que ésta no tiene derecho a privarnos de él. “Los Lorca creen que el desaparecido más célebre de la Guerra Civil, el segundo embajador español más importante después de Cervantes, es de su propiedad. Y no es cierto. Lorca es propiedad del mundo. Todo escritor es un exhibicionista, publicar es hacer público. Lorca quería ser famoso, llegar a la gente, y estoy convencido de que se rebelaría ante su familia si pudiera. Todo lo que queremos los que le admiramos es saber cómo murió”.

Finalmente, se abre la fosa con un calendario que puede llevar meses, y que nadie sabe cómo acabará. De momento, sólo se pueden identificar los restos que las familias (o Asociaciones) han reclamado, los dos banderilleros. El resto de los cuerpos pueden quedarse allí, el Ayuntamiento de Alfacar ha declarado ese parque como “apto para el entierro”, es decir un cementerio. Si no fuera así, la Ley de la Memoria Histórica obligaría a trasladar los restos no identificados o identificados y no reclamados al cementerio más cercano.  De manera que la familia, de momento, puede estar tranquila.

Y de fondo, un rumor espeso que se repite como un coro, como un clamor pegajoso, los vecinos que insisten “Federico no está ahí” –porque en su casa, todos los llaman por su nombre, Federico,- no está enterrado en esa fosa. El panadero, el camarero, el taxista, el militar retirado, todos se hacen eco de la misma hipótesis, la de que su familia, que era una de las cinco más ricas en Granada, pagó 300.00o pesetas de la época, (una auténtica fortuna, equivalente a millones de euros) para exhumar el cadáver y enterrarlo dignamente. Todos miran con escepticismo el proceso de exhumación, mientras el mundo pone ahí los ojos, los vecinos se muestran burlescos. Quizás se busque a un fantasma.

Todas esas emociones son las que entierra la fosa, que se ha convertido en un abismo al pasado, en una caja de pandora y en un cuarto oscuro todo a la vez. Cuando finalmente, se abra la tierra quedarán atrás cuarenta años de dictadura militar y treinta años más de democracia, en el que los perdedores tuvieron que volver a perder en nombre de una supuesta transición, que hasta la fecha no había hecho nada para cerrar este episodio, ni por las familias de los represaliados, para medio país, que ahora pueden enterrar a sus muertos. En total, setenta años de miedo, resignación, esperanza y valor, por este orden para los que perdieron aquella guerra.

Lorca

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