El sabor de París en la garganta

Francia no ha cerrado las fronteras, cerró la Tour Eiffel

 

Páginas y páginas de análisis, de impresiones, de emociones, de información, vídeos, infografías, gráficos, entrevistas, recuerdos. En definitiva de exteriorizar pena, dolor, impotencia, rabia.

Ante la masacre de París (la de ahora, claro), se vuelve la vista hacia el Estado islámico, hacia Daesh, hacia la guerra del golfo y la famosa foto de las Azores (antes de esa foto y del flequillo nervioso de Aznar, no existía el Estado Islámico), hacia la política de armar a los opositores de Bashar al-Assad.

También se acusa (con razón) de hipocresía, de las víctimas de primera y de segunda clase. Insisto -con razón- de las víctimas de Beirut, de Libia, (por supuesto, de los refugiados, que tras la foto de Aylan pasaron a ser una crisis).

Sí, hay más víctimas pero si nos hemos filtrado la imagen de Facebook con la bandera francesa, con crespones negros, se debe al imaginario de nuestro París, el de las luces que vienen del norte, el faro de Barcelona y que deslumbra. Una proximidad geográfica que pervive en la era de las comunicaciones. Creo que por eso estos días llevamos (llevo) un nudo en la garganta con los colores de la bandera francesa. No es que hayan víctimas de primera y de segunda (las hay hasta de tercera y cuarta categoría, no nos engañemos). De hecho, si tenemos en cuenta la cobertura mediática que se hace de uno y de otro sería de extrañar que a un ciudadano del Estado español, por ejemplo, le afectara más un ataque terrorista en Líbano que uno en Francia. (Enric Lluent). La película Casablanca dejó su impronta, pero es sólo una más de tantas, las relaciones entre Barcelona y París se computan en el debe de la primera, no voy a relatarlas, pero sí que es momento para reflexionar sobre ellas.

Unas relaciones, transferencias culturales entre Barcelona y París son evidentes, (dejando aparte la torpeza demostrada de Albert Rivera) tanto, que forman parte de la construcción simbólica de la Ciutat Comtal y por ello, los atentados -en lo que me atrevo a decir que para nosotros es la capital de Europa- nos afectan mucho más, son más nuestros, más allá del gran análisis de Enric Lluent.

Como ejemplo, la ilustración que encabeza este post

 

 

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