Trece, fueron trece, todas rojas. 75 años

Llegamos al cinco de agosto un año más, y la tapia del cementerio de la Almudena vuelve a recordar el lamento: “Que mi voz no se borre de la historia”, ese clamor de la derrota por la fuerza, para que el sufrimiento, no sea en balde, para que la derrota no sea definitiva, sino un eslabón más en la pervivencia de las… ideas, de la ideología.

Esa lucha por la Historia como recuerdo, de la misma manera que las Abuelas de Mayo nos enseñaron la importancia de no ceder al silencio y también este cinco de agosto, la presidenta de esta asociación, Estela de Carlotto, encontró a su nieto después de 34 años.

Las injusticias de la Historia también pueden ser reparadas, que no se olviden en un cajón, a costa de tratar a los vencidos como ciudadanos de segunda, y que estos se lo crean, claro. Esto es lo que nos enseña la reivindicación de cada cinco de agosto (no es la única) en ese cementerio, que la impunidad no puede ser síntoma, no ya de democracia, sino de civilación, de valores casi ancestrales.  Porque después de ellas, hubieron muchas más.

Las trece mujeres de 18 a 29 años, ya han pasado a la Historia, igual que el día del golpe de Estado, igual que el día que fusilaron a Federico García Lorca.

La sentencia decía: ‘Reunido el Consejo de Guerra Permanente número 9 para ver y fallar la causa número 30.246, que por el procedimiento sumarísimo de urgencia se ha seguido contra los procesados (…) responsables de un delito de adhesión a la rebelión (…) Fallamos que debemos condenar y condenamos a cada uno de los acusados (…) a la pena de muerte’. Cuarenta y ocho horas después, las trece mujeres, entre 18 y 29 años, fueron fusiladas.

Pertencecían a las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), acusadas de intentos de sabotaje y de complot en diversos grados, a estas alturas, sobra comentar que el juicio forma parte de una gran farsa, y la evidencia de que ellas ya estaban reclusas cuando se cometió el atentado de que se las acusaba. Una muestra de la prepotencia, de los peligros de la arbitrariedad, del abuso de la fuerza, de la importancia de contar la Historia.

Y el efecto del ejercicio de esta impunidad: A partir de entonces, todo era más difícil, seguramente ese dolor, que no cicatrizó porque se convirtió en temor social, de ahí y de otros casos como ese nació esa bruma que se transmitió durante 40 años ‘no te signifiques, no te metas en política, a ver si te va a pasar algo´. El miedo es ancestral, se mete en el cuerpo y se transmite como salvaguarda de la propia vida.

También las mujeres fuimos (fueron) más débiles, también esa injusticia creó muchas más, el régimen nos encerró en casa y nos alejó de la vida pública, nos dejó sin voz, sin presencia…sometidas. Estos derechos también fueron acribillados con las trece rosas, hace 75 años y apenas llega a una década que sale en los medios de comunicación.

Os dejo este documental, algo largo, pero vale la pena

 

 

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