El precio del déficit

Reforma Constitución

Resulta que después de todo no era tan difícil modificar la Constitución, claro que para ello tiene que pedirlo Angela Merkel, o los mercados, o quien sea, menos la ciudadanía.

Tampoco es tan difícil que PP y PSOE se pongan de acuerdo, para aprobar la Ley Sinde y modificar la Constitución -eso sí- para aprobar un techo presupuestario. Medida que, por otra parte, cabe recordar que ya existe en nuestro ordenamiento jurídico y por duplicado: La actual Ley de Equilibrio Presupuestario del 2006 obliga a tener déficit cero en periodos de crecimiento entre el 2% y el 3%. Cuando la expansión del PIB es mayor hay que cerrar las cuentas con superávit, y cuando la economía crece por debajo de los dos puntos, se permite un pequeño déficit.

Además de los criterios de convergencia que fijó el Tratado de Maastricht:

a) Por una parte el déficit presupuestario de las administraciones públicas no puede representar una cantidad mayor que el 3% del PIB al final de año precedente.
b) Por otro lado la Deuda pública no puede representar una cantidad mayor que el 60% del PIB.

A pesar de que disponemos efectivamente de la regulación necesaria para cumplir un déficit que no estrangule la economía, los grandes partidos -que son dos- han decidido abrir el melón de la Carta Magna para incluir un techo en el déficit, tal y como lo insinuó el eje francoalemán. Por cierto, ¿por qué no se regula por el mismo método una inversión mínima en educación y sanidad?

El grave déficit…democrático

Porque de lo que se trata es de mirar alrededor, a las personas y no a los mercados. Es el momento de tener políticos honrados y valientes, de recordar que según el artículo 1.2: “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”, tal vez, también lo quieran cambiar.

Y tras dejar constancia de la separación entre la casta política y el pueblo (ese, que es soberano, el del punto 1.2), de cuestionar seriamente el sistema de partidos con el movimiento del #15M, que no es sino una reacción popular y valiente -a pesar de las represiones policiales-; los partidos se creen legitimados para reformar la Constitución sin convocar un referendo, sin consultar a la ciudadanía. Precisamente esa que estaba madura para votarles, pero no para entender el déficit, por lo visto. Estafándonos un debate y poniendo en juego (y en jaque) el estado de derecho, una actitud imperdonable para la izquierda.

Y aquí estamos, reclamando una vez más los mínimos democráticos y teniendo que recordar que las personas, los ciudadanos somos más importantes que los mercados, eso sí que es de mínimos. ¿A nadie le da vergüenza?

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