Democracia estafada, estafa de democracia

tostarica

A alguien se le olvidó que la democracia no es de nadie porque es de todos. En ese momento, y en ese lugar se emprendió un camino hacia delante en el que los políticos comenzaron a actuar con sentido de clase y sin sentido de la responsabilidad que conlleva ser elegidos por el pueblo, que por cierto, es soberano (eso se les olvidó a todos).

Cada vez más, sin que nadie se diera cuenta, los partidos se asemejaron más y más entre ellos, la política se devalúa pierde la palabra y gana el insulto; en clave electoral había que ganar el centro y los votantes indecisos, y para ello no caben propuestas arriesgadas. En ese camino la única víctima fue la democracia, y el damnificado una cierta izquierda cada vez más descolocada y con menos opciones de hacer oir su voz. El pueblo se convierte así en un mero censo electoral.

Esta cobardía política que no les deja mirar de frente los problemas como la inmigración, la sanidad, etc, se traduce en la tumba de la democracia; deja la puerta abierta al populismo y a propuestas que todos conocemos, pero que no dejaré de citar: García Albiol. El hecho de que un partido -que voy a adjetivar como serio- gane unas elecciones municipales con un programa claramente racista es un fracaso de nuestra democracia. El hecho de que surjan partidos como Plataforma per Catalunya y que se olvide que durante media hora de sudor frío y rechinar de dientes tuviera opciones a escaños en el Parlament de Catalunya, también es un fracaso, esta vez de nuestros políticos.

Nadie tomó (ni toma) en serio la abstención que durante años crece y se enquista en el sistema en un ejercicio de absoluta irresponsabilidad política, porque si el mensaje no llega a los ciudadanos la democracia se falsea.

Y como si nadie hubiera aprendido nada: Los debates que nos estafaron durante la campaña electoral y que ahora surgen con las cartas marcadas, también son una estafa a la democracia. Me refiero, sin ir más lejos, a que nadie mencionara el tema de la corrupción durante las semanas previas a las elecciones. Me refiero a que se permitiera aparcar el tema del copago sanitario. Me refiero a que el Parlament de Catalunya nos estafa -nos roba- al menos 80 debates con su Ley Ómnibus.

Ante este panorama los acampados nos devuelven la dignidad, hacen patente que otra democracia es posible, en el otro extremo, en las plazas. Que nadie se lleve las manos a la cabeza luego, el polvorín que les supone este movimiento lleva años creciendo, ya era hora que se hiciese mayor. Ahora a por el Parlamento, porque es de todos.

La foto que encabeza este post: El Mundo Today

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