El espejo en el que nos miramos cumple 80 años

Proclamación de la Segunda República, imagen de http://guerracivil.sotmar.net

Como si fuera ayer, y como si se tratara de un bucle infinito. Nuestro referente de libertades tiene 80 años, sería injusto pensar que casi no hemos avanzado, que nuestra sociedad casi no ha aprendido nada, que aquel 14 de abril fue esplendoroso pero puede que sólo fuera una anécdota. Sinónimo de esperanzas en el 1931, de traición en 1936 y de decepción en 1939.

Porque a veces parece que ahí se quedaron ganas de luchar y valentía que ahora tanto necesitamos, porque nuestros abuelos como aquellos muchachos y muchachas que no dejaran desiertos ni las calles ni los campos ya luchaban por la jornada de ocho horas, para que tampoco se olvide cuando hacemos horas extras sin cobrarlas.

Recuerdo, porque hace falta en estos tiempos, que la Constitución de 1931 definía a España como “una república de trabajadores de toda clase”. Máxima igualdad y orgullo de clase, términos que parecen trasnochados, pero que en realidad, con nuestro índice de paro -que también recuerdo, un 20,5% de la población activa está expulsada del mercado de trabajo- deberían cobrar un nuevo vigor.

Esa Constitución también defendía el principio de laicidad, por el que se iba más allá de la mera separación entre la Iglesia y el Estado para adentrarse en un ámbito de total eliminación de la religión de la vida política. ¿A alguien le suena de algo?
Y por si le faltara vigencia a aquella nuestra república (la segunda, por cierto), también preveía la posibilidad de la realización de una expropiación forzosa de cualquier tipo de propiedad, a cambio de una indemnización, para utilización social así como la posibilidad de nacionalizar los servicios públicos. –

Las luchas por las libertades y por el compromiso social tuvo otra repercusión, la creación de un clima que posibilitó que nuestra cultura tocara cimas de excelencia en varios frentes. No hace falta, pero sería injusto que en un post como este, no estuviera Federico García Lorca, Miguel Hernández, Antonio Machado, y un largo y honroso etcétera, del que todavía ahora, y durante mucho tiempo, al paso que vamos, somos deudores.

Y, lo mejor fue lo más trágico: los republicanos que defendieron ese régimen, que algunos combatieron el fascismo más allá de nuestras fronteras donde se dejaron la piel, pero no los ideales, denostados durante cuarenta años y silenciados durante casi treinta años más. Pero, eso quizás lo deje para el 18 de julio.

Quiero pensar que hemos avanzado en alguna materias gracias a algunos valientes (que ahora están sentados en el banquillo de los acusados, por cierto), en temas como el matrimonio entre homosexuales, la ampliación de derechos y libertades a otros colectivos, una sanidad universal (de momento); y en ocasiones, una mejor redistribución de la renta. Quiero pensar que nuestros políticos podrían estar a la altura.

En todo caso, hay que celebrar que cada año salen más banderas tricolor a la calle, somos sus nietos.

¡¡¡Salud y República!!!

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