2010

Karim me enseñó a hacer crêpes y Cristina bailó un chotis. Apareció Mauro, y luego Armando mientras Helena me enseñaba a abrir botellas. Tuve que irme, pero fui feliz, Carol me ofreció la oportunidad de vestirme de charlestón, y Celia estaba guapísima. Agustina también entró en mi vida en este 2010. Cristina se llevó mi silla, todavía añoro las comidas de los martes. Noemí empezó a tener a Ania y a Alexia. Y Carlos y Moi, y la guitarra, y las canciones. Y Rubén y las cenas, y Pedro, y Marga. Y la ‘Che’ que se me lanzó encima. Zapatero cambió el país en un discurso de 30 minutos (recuérdalo siempre, porque el 12 de mayo del 2010 será una fecha para no olvidar– como un discurso de treinta minutos, treinta minutos justos, clausuraba una era de treinta años de socialdemocracia en España, una era en la que siempre había algo más por repartir; he visto el estupor en el rostro de la gente, su rabia y su irritación, su desorientación… he visto cosas que vosotros no creeríais, porque durante demasiado tiempo os estuvieron diciendo que el mal era pasajero y que nunca, nunca, se os obligaría a cruzar la puerta de Tannhäuser). E investigando la historia me encontré con Carmen y Fernando, que volvieron del pasado para darme fuerzas para afrontar mi futuro, para recordarme quién era. Encausaron a Garzón por investigar el franquismo, y volví a sacar la tricolor. Recortaron el Estatut. La Roja se llevó el mundial y hablé con Arruda, que está lejos, pero no tanto. Cuando fue otoño en Santander y Toni salió de mi vida, y el verano se tornó difícil, pero Carol me dejó dormir en su casa y Cristina me dejó un vestido, y Ana que también entró en mi vida. Jamás olvidaré Milán. ¿Cuándo, cómo y por qué una sociedad se compromete? Y bailé con Manel. E Ivan me pagó unas cervezas. Y Arthur y la ovella negra. Antonio pasó unos días en mi casa. Albi, claro y Goyo, que nos llevó hasta allí.Y Charo se acordó (tarde) de mi cumpleaños, es increíble que aún esté ahí. Y nos manifestamos por nuestros derechos, el 29-S. Y lloré la desaparición de Labordeta y de Saramago, me sentí algo más huérfana. La derecha dio un paso de gigante en Catalunya. También lloré la despedida de Iñaki. Y Cristina, y Cristina, y Cristina. Y Carol, Carol, Carol. Lo mejor, para el final, Ania y Alexia (que durante un instante, fueron Carol y Cristina)

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