Conmemoraciones de un sólo día. Hiroshima y Nagasaki

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“¡Dios mío ! ¿Qué hemos hecho ?” expresaron los bombarderos estadounidenses Caron y Lewis cuando la nube de 6 km de altura se alzó en Nagasaki. Otro piloto, Paul Tibbets, en cambio siempre ha defendido su papel y siempre ha remarcado que volvería a hacer lo mismo en las mismas circunstancias.

Esta semana se cumplen 68 años de los lanzamientos de las bombas atómicas que prácticamente aniquilaron las poblaciones de Hiroshima y Nagasaki con dos días de diferencia, el 6 y el 8 de agosto de 1945. Con esta acción se ponía punto y final a la Segunda Guerra Mundial con la rendición incondicional de Japón el 15 de agosto de 1945, y tras la toma de Berlín por tropas soviéticas y polacas y la consiguiente rendición incondicional alemana el 8 de mayo de 1945.

Las consecuencias todavía ponen los pelos de punta: además de los muertos, las bombas habían matado a 140.000 personas en Hiroshima y 80.000 en Nagasaki, aunque sólo la mitad había fallecido los días de los bombardeos. Entre las víctimas, del 15 al 20% murieron por lesiones o enfermedades atribuidas al envenenamiento por radiación. Desde entonces, algunas otras personas han fallecido de leucemia (231 casos observados) y distintos cánceres (334 observados) atribuidos a la exposición a la radiación liberada por las bombas. En ambas ciudades, la gran mayoría de las muertes fueron de civiles, según la Wikipedia.

Al respecto:

En primer lugar, nos encontramos ante otro hecho de nuestro pasado reciente de una gran conmocionón. La opinión pública se escandalizó y marcó un antes y un después (como los campos de concentración, bombardeos sobre la población civil y otras prácticas igual de macabras pero con menos impacto en la sociedad) que, efectivamente no se han cumplido. Sirva como ejemplo la matanza de Srebrenica, pero tristemente es sólo un ejemplo. Porque a día de hoy, existen casi 18.000 cabezas nucleares en nueve países, casi todos (un 90%) made in USA y Rusia.

Y en segundo lugar, la sensación de vértigo por los pocos años que distan entre el primer bombardeo a la población civil (Guernica, 1937) y la salvajada de las ciudades japonesas (1945). Qué rápido y qué fácil se frivolizan las vidas humanas ante los dictados de los intereses.

 

 

 

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